En el Chile del siglo XXI, la conectividad se ha convertido en un motor esencial para el desarrollo social, económico y cultural. Sin embargo, a pesar de los considerables avances en infraestructura y acceso a internet, la brecha digital sigue siendo uno de los principales desafíos estructurales del país.
Esta desigualdad no solo se manifiesta en la dificultad para acceder a dispositivos o conexión, sino también en la calidad del servicio y, sobre todo, en las habilidades necesarias para interactuar eficazmente con la tecnología. En particular, las zonas rurales, los adultos mayores y los grupos socioeconómicos más vulnerables permanecen rezagados, enfrentando barreras que disminuyen sus oportunidades de integrar plenamente el mundo digital.
El impacto de esta brecha es profundo y multifacético. En primer lugar, limita el acceso a la educación digital, una herramienta clave en los tiempos actuales para el aprendizaje y la capacitación continua. En segundo lugar, reduce significativamente las oportunidades laborales, ya que muchas actividades y procesos de selección de empleo dependen hoy de la competencia digital. Finalmente, debilita la participación social y política, marginando a quienes no logran insertarse en los canales digitales desde donde se lideran debates o se accede a servicios públicos esenciales.
Para avanzar hacia una mayor equidad digital es imprescindible que el Estado diseñe e implemente políticas públicas integrales. Estas deben contemplar una inversión sostenida en infraestructura que garantice acceso de calidad en todo el territorio, programas nacionales de alfabetización digital para todas las edades, subsidios para la adquisición de dispositivos tecnológicos y la generación de espacios de formación continua.
Además, la cooperación entre el sector público, el privado y la sociedad civil resulta fundamental. Solo a través de alianzas inclusivas y coordinadas se podrá asegurar que la transformación digital sea una oportunidad accesible para todas y todos, sin importar su origen o condición socioeconómica.
¿Cómo podemos contribuir desde nuestras comunidades?
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Apoyando iniciativas comunitarias que faciliten el acceso a internet y la capacitación en habilidades digitales.
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Promoviendo el uso responsable y crítico de la tecnología, para fortalecer la ciudadanía digital.
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Facilitando el acceso a dispositivos y espacios para la formación tecnológica.
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Difundiendo información sobre programas públicos y privados que promueven la inclusión digital.
El reto es grande, pero la oportunidad de transformar Chile hacia una sociedad digital más justa y equitativa está al alcance de nuestras manos. Cerrar la brecha digital no es solo un objetivo tecnológico, sino un compromiso social que nos involucra a todos.